Psicólogo Alvaro Silva al 980-980-808. Especialista en el tratamiento de terapia de pareja y familia.

viernes, 25 de noviembre de 2016

AMOR Y NEUROCIENCIAS | PSICOLOGIA

Como la estructura básica del cerebro plantea problemas al amor | Neurociencias | Cerebro Trino

Desde las neurociencias, Thomas Lewis, Fari Amini y Richard Lannon nos plantean en su obra una teoría general del amor, nos plantean un panorama a considerar.

¿Qué puede decirnos la estructura y el diseño del cerebro sobre la naturaleza del amor?
Es una cuestión que hace 100 años no podrían ni haberse planteado. Entonces, la falta de conocimiento sobre el cerebro no se consideraba un impedimento para entender la vida emocional. Lo más probable es que casi nadie advirtiera la omisión.
Actualmente, la importancia de la fisiología del amor es indiscutible. El amor en si no se ha rendido al reduccionismo, pero en las últimas dos décadas del siglo XX el cerebro que produce el amor sí lo hizo. La llegada de la neurociencia moderna, con sus escáneres de alta tecnología y sus instrumentos para la minuciosa disección en miniatura, ofreció por fin lo que el estudio del amor siempre le había faltado: un soporte físico que pueda desmontarse.
Los buscadores de los secretos del corazón pueden sentir la tentación de dar un rodeo alrededor de los hechos esenciales de la estructura el cerebro, por miedo a que el tema sea de un tecnicismo imposible y probablemente soporífero. No lo es. Nadie discute que la complejidad filamentosas, delicada y densa del cerebro inspira veneración imagen ocasional consternación. Los que desean ahondar en los detalles, sin embargo, tendrán que sumirse en ella. Todo el mundo puede hacer que un coche funcione sin ser un ingeniero. Es indiscutible un conocimiento funcional de la combustión interna: que es la gasolina, a dónde va a parar y por qué no debes escudriñar el depósito con un fósforo encendido. No hace falta leer números  de Scientific American para captar la naturaleza del amor, pero un idea básica de los orígenes y mecanismo del cerebro pueden evitar algunos errores explosivos cuando las chicas de la pasión empiezan a encenderse.

La historia interior
El cerebro es una red de neuronas, las células propias del sistema nervioso. Esta descripción convierte al cerebro esencialmente en algo no muy diferente del corazón o el hígado, órganos que también son grupos enlazados de células parecidas. Lo que da identidad y fuerza a un órgano de la función especializada que sus células están preparadas para realizar. La ocupación peculiar de una neurona es mandar señales de una célula a otra. Éste señales son tan eléctricas como químicas; las moléculas cuyos incansables lanzamientos mandan la porción química de mensajes son los neurotransmisores. Cuando decimos que alguien sufre un “desequilibrio químico” (ahora sinónimo de “comportamiento indeseable más allá del control voluntario”), nos referimos a la mitad del proceso de señalización, un desaire no intencionado a la potencia métrica de las neuronas. Aunque pocas personas hayan sido testigos de la capacidad de electricidad para alterar la mente, todos hemos visto cambios químicos en las personas. El café estimula la vigilancia, el alcohol disuelve las inhibiciones, el LSD provoca alucinaciones, el Prozac alivia la depresión, las obsesiones y la falta de confianza en uno mismo; todo esto se consigue aumentando o interrumpiendo estas señales. Toda ausencia que imite bloquee los neurotransmisores nativos puede manipular algún aspecto de la mente: la visión, la memoria, el pensamiento, el dolor, la conciencia, la emocionalidad y, sí, el amor.
¿Cuál es el objetivo de esa colección de células que se mandan señales unas a otras sin cesar?
¿Qué consecuencia útil tiene este festival de comunicación y qué fin persigue? Supervivencia.
Una serie de células señalizado horas puede generar de reacciones súbitas cambios instantáneos. La información del entorno puede traducirse en señales hacia el interior, y después de un agitado procesamiento interno en un grupo centralizado de neuronas, las señales se mandan hacia afuera para producir una acción: un zarpazo a un pedazo escurridizo de alimento, o un salto para esquivar el ataque de un depredador. Los animales equipados con las mejores neuronas que disparan en el mejor orden, viven más tiempo. Si llegan a la siguiente época de celo, han vencido. La selección natural no concede segundos premios.

Por muy encantados que estemos con sistemas nerviosos que nos hormiguean dentro el cráneo, deberíamos reconocer que este enfoque del juego de la vida es sólo una estrategia de supervivencia más. La forma de vida más lograda del mundo no tiene cerebro ni sabría para que utilizarlo. Las bacterias, seguramente los seres más numerosos de la tierra, son simples células aisladas que triunfaron y persistieron sin la contribución de ninguna señalización pluricelular ni los comportamientos complejos que tal comunicación permite. A pesar de esta aparente incapacidad, han explotado todos los nichos ecológicos desde la tundra ártica a las fuentes sulfurosos en ebullición. Y el organismo con una vida más larga del planeta-el árbol secuoya  gigante del norte de California, con una vida de 4000 años-vive cada minuto de su interminable vida sin capacidad de reaccionar rápidamente ante nada.

Las primeras agregaciones de células señalizadores eran escasas cadenas que contenían las instrucciones para enfrentarse a las contingencias medioambientales más simples: tropezar con un estímulo nocivo la izquierda, movérsese la derecha, y viceversa. Eras más tarde, el cerebro humano está compuesto de 100 billones de neuronas. La estructura bizantina del cerebro determina toda la naturaleza humana, incluida la naturaleza del amor.

El cerebro trino
Ningún plan de desarrollo forjó el cerebro humano. La evolución es un proceso errático en qué influencias simultáneas múltiples, incluidas el azar y la circunstancia, conforman las estructuras biológicas a largo de eones. La evolución es un diseñador más caprichoso que ningún equipo, y constituye una historia llena de inicios, retrocesos, compromisos y callejones sin salida, en la que generaciones de organismos se han ido adaptando a las condiciones fluctuantes. Estamos acostumbrados a pensar en estas adaptaciones como algo gradual y progresivo pero, como apuntaron Niles Eldegrede y Stephen  Jay Gould hace 25 años, el registro de fósiles contradice esta impresión. Más que una serie transiciones suaves, el proceso evolutivo está salpicado de estallidos que provocan metamorfosis. Si un entorno cambia muy rápidamente o se presenta una mutación favorable, pueden producirse modificaciones en los órganos de una forma explosiva.
En consecuencia, el desarrollo del cerebro humano no fue algo planeado ni ejecutado la perfección. Simplemente sucedió, y esta realidad anula cualquier expectativa razonable sobre la configuración del cerebro. Nadie supondría que el diseño neuronal avanzado requiera sin organismo calla regularmente en un sopor indefensivo que invite a la depredación. Pero dormir es algo universal en el mundo los mamíferos aunque su función neural siga siendo desconocida. El mismo falible sentido común sugiere que el cerebro humano podría ser unitario y armonioso. No lo es. Un cerebro homogéneo podría funcionar mejor, pero los humanos no lo poseen. Las estructuras evolucionadas no responden a las normas de la lógica sino a las exigencias de su larga condena de Victoria de supervivencia.
El doctor Paul MacLean, un gran neuroanatomista evolutivo y científico investigador del Instituto Nacional de Salud Mental, argumentado que el cerebro humano está formado por tres subcerebros diferenciados, y que cada uno de ellos es producto de una idea distinta de la historia evolutiva. El trío se entremezclan y comunica, pero la traducción se pierde inevitablemente alguna información, porque las funciones, propiedades incluso la química de la subunidades difieren. Este hallazgo neuroevolutivo en forma de cerebro tres-en-uno, o trino se entremezcla y comunica, pero en la traducción se pierde inevitablemente alguna información, que las funciones, propiedades incluso la química de las subunidades difieren. Este hallazgo neuroevolutivo en forma de cerebro tres-en-uno, o trino puede ayudar a explicar cierta anarquía del amor que viene del antiguo.

Cerebro Trino



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