Psicólogo Alvaro Silva al 980-980-808. Especialista en el tratamiento de terapia de pareja y familia.

sábado, 30 de julio de 2016

Intervencion en equipo en las sesiones de terapia de familia

Intervención en familia de la escuela sistemica de Milan: modalidad de trabajo en equipo.


Mara Selvini Plazzoli y otros en su libro: Paradoja y contraparadoja.  Nos presentan su modalida de intervención en equipo y en las sesiones de terapia de familia.


El Centro para el estudio de la familia inició su actividad en Milán, Italia, en mayo de 1967. El comienzo del experimento, organizado por Mara Selvini Palazzoli, fue precedido por un largo periodo de estudio de tan amplia y caótica literatura sobre el tema y por un breve viaje, informativo, realizado por la doctora Selvini Palazzoli a los Estados Unidos. La actividad del centro se desarrolló, durante mucho más de un año, en medio de numerosos obstáculos de carácter práctico, tales como la dificultad de encontrar y motivar a las familias para el tratamiento, en un contexto cultural no preparado y a menudo hostil, y a la exigüidad del equipo, constituido sólo por dos  coterapeutas, expertos en psicoterapia individual y de grupo pero sin experiencia en el trabajo con familias.

Por varios motivos, sobre lo que no viene al caso explayarse, pero sin duda relacionado con la situación de la psiquiatría en Italia, se prefirió constituir un centro completamente independiente de las subvenciones y de instituciones públicas. Son notorias las presiones que pueden perturbar la actividad de un equipo no autónomo: fechas fijas de vencimiento para la presentación de los datos, imposición de nuevos miembros desde fuera, instrumentaciones con fines ajenos a la investigación, etcétera.

Semejante decisión de autonomía, si bien comportó ventajas fundamentales, trajo a su vez desventajas no despreciables: la dificultad para encontrar la casuística y la falta de fondos para gastos. Éste segundo inconveniente se obvió trabajando en horarios limitados con un número reducido de familias que pagaban honorarios proporcionales a sus medios económicos. Una vez fundada legalmente como “asociación sin fines de lucro para el estudio la familia” se devolvieron las cuotas a los asociados y a las contribuciones de las familias a los gastos ordinarios y extraordinarios de la sede y de investigación. Los investigadores no percibían compensación.

A partir de 1972, las familias comenzaron a fluir en número continuamente creciente, bastante superior a nuestras posibilidades de absorción, lo que nos posibilitó el estudio de una casuística variada ya la programación de investigaciones espaciales. Entre estas últimas, la delicada familia con pacientes afectados por anorexia nerviosa, publicada por Mara Selvini Palazoli en un volumen editado en Londres por la Chaucer Publ. Co. (1974) con el título Self –starvation. From the intrapsychic to the transpersonal approach to anorexia nervosa.

Como las familias que solicitan terapia deben afrontar un gasto proporcional a sus posibilidades, se puede deducir que su motivación se equipara con la de los pacientes que solicitan terapia individual. Afrontar un gasto que supone, en efecto, cierta motivación, salvaguarda la libertad de relación y permite los pacientes una actitud crítica frente los terapeutas, quienes cuentan de ese modo con un control útil de los propios errores.
Esto constituye un elemento importante, que diferencia nuestro trabajo del que se realiza, por ejemplo, en un ámbito institucional.

El equipo, que en 1970 y en 1971 había aumentado progresivamente de número, hasta tener ocho miembros durante un largo periodo, sufrió varias vicisitudes que terminaron con precisión y posterior reorganización. Nuestro actual equipo de investigación se constituye a fines de 1971. Está compuesto por cuatro miembros, autores del presente volumen, dos hombres y dos mujeres, psiquiatra psicoterapeuta. Tal composición nos permite emplear una pareja heterosexual en el trabajo terapéutico, normalmente secundada por la pareja de colegas en la cámara de observación.

La pareja terapeuta heterosexual es otro aspecto importante en nuestra labor. Consideramos que permite alcanzar, sobre todo, un mayor equilibrio “fisiológico” en la interacción entre los dos coterapeutas, y entre éstos y la familia.
Por otra parte, algunas redundancias en la interacción inicial de la familia con uno u otro de los terapeutas, ayudan a intuir ciertas reglas del juego familiar. Así, en el caso de familias tradicionalmente dominadas por las mujeres, todos o alguno de sus miembros mostrarán enseguida una tendencia polarizar el interés de la terapeuta mujer, ignorando terapeuta hombre (con independencia de sus comportamientos).
El empleo de la pareja heterosexual nos proporciona otra ventaja: evitar que caigamos en las redes de ciertos estereotipos culturales sobre los dos sexos, de lo que los terapeutas participan inevitablemente.

En las discusiones sesión, era bastante frecuente asistir a vivencias completamente opuestas que los dos terapeutas expresaban en relación con los miembros de la pareja, con la consiguiente tendencia a evaluar, desde un enfoque moralista, la interacción de ambos: “¿cómo es posible casarse con semejante mujer?”, “Pero, ¿qué dices?, Es él quien provoca … ¿No has visto tú?, Lo hacía hasta conmigo”. El hecho de haber advertido este fenómeno facilitó al equipo el acceso al modelo sistémico, contra la tendencia tan arraigada culturalmente hacer puntuaciones arbitrarias e interpretaciones causales.

En otro trabajo de equipo, las parejas terapéuticas no son fijas sino que se intercambian en cada nueva familia en diversas combinaciones, siguiendo el criterio único de hacer que cada uno de los miembros del equipo trabaje siente durante el mismo número de horas, ya como terapeuta, ya como observador. Tal procedimiento nos ha permitido observar las variables inherentes a la persona de cada terapeuta individualmente, a la relación recíproca y el estilo de trabajo desarrollado por cada pareja. Además, nos ha permitido descartar la hipótesis de que ciertos éxitos se deban aspectos especialmente carismáticos de la persona del terapeuta. Si las intervenciones terapéuticas son correctas, no se necesita ningún tipo de carisma. Este es el procedimiento que nosotros hemos elegido y que nos ha resultado útil. Es obvio y no lo consideramos el único posible. Por cierto, un solo terapeuta, lo suficientemente experimentado, puede trabajar con la familia, pero consideramos, sin embargo, de suma importancia, que con familias con transacción esquizofrénica disponga de un observador permanente.

Dado que nuestro primer contacto con las familias se realiza telefónicamente, hemos establecido un horario especial para esta llamada, de modo tal que uno de los terapeutas esté disponible para hablar durante largo rato y evitar de este modo errores y malos entendidos causados por el apuro. El hecho de que terapias inicie con la primera comunicación telefónica es algo sobre lo que toda insistencia será poca. Durante el curso de esta llamada es posible observar y anotar un gran número de fenómenos: peculiaridad de la comunicación, tono de voz, lamentos, peticiones perentorias de toda clase de informaciones, intentos inmediato de manipulación para obtener la entrevista en determinados días y horas, operando una inversión de los roles, como si fueran los terapeutas quienes “busca” a la familia.

Esta organización minuciosa, deriva de nuestra experiencia, que es fundamental en cualquier relación terapéutica, lo que es aún más con este tipo de familias. Como quedará claro enseguida, la condescendencia, aún en relación con un período trivial y aparentemente razonable la familia, puede invalidar el rol y el contexto terapéutico. Salvo en algunos casos muy especiales, consideramos que es erróneo conceder una entrevista de urgencia. Rechazamos igualmente los intentos de algunos pares de obtener una entrevista preliminar en ausencia el paciente designado, con excepción de los casos de padres de niños muy pequeños o de niños muy poco mayores traumatizados por experiencia psiquiátricas negativas anteriores. En tales casos, a menudo recibimos a los padres solos en la primera sesión, para decidir si existe la posibilidad de obtener algún resultado mediante una terapia pareja.

En otros casos, y sobre todo cuando se trata de familias con un paciente con diagnóstico de esquizofrenia, la primera sesión implica la presencia de todos los que conviven. En la siguiente, excepcionalmente y si la estrategia terapéutica lo exige, serán los terapeutas quienes decidan un eventual cambio en cuanto los miembros del grupo familiar que deben asistir a las sesiones.

Las últimas experiencias enseñan que el grupo ha de fraccionarse sólo en casos verdaderamente excepcionales, pues esta maniobra inhibida por la familia como peligrosa y expone a reacciones negativas.
Algunas veces la comunicación telefónica con la familia precedida por un entrevista con el colega que deriva, cuyos informes esenciales anotamos en la ficha. Como la primera sesión con la familia se realizará mucho tiempo después, resulta indispensable releer la ficha. Las sesiones se desarrollan en una habitación equipada para ese fin con numerosos asientos que ocupen poco espacio, cielo raso aislante y un amplio espejo unidireccional, el micrófono conectado con el grabador estereofónico de la sala de observación contiguos se coloca en el centro de la lámpara. Sin forma inmediatamente la familia acerca en esta modalidad trabajo en equipo. Se explica el uso del micrófono y el espejo unidireccional, detrás del cual, les decimos, se sientan los dos colegas que nos ayudan en esta tarea y con quienes nos reunimos para discutir antes de dar por finalizada la sesión.
Cada sesión se desarrolló regularmente en cinco partes:

I.             la presentación
II.            la sesión
III.          la discusión de la sesión
IV.          la conclusión de la sesión
V.           el acta de la sesión

Intervencion en equipo en terapia de familia
Terapia de familia



UBICACION EN LIMA: TERAPIA DE PAREJA