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Las emociones destructivas - Daniel Goleman Daniel Goleman, fiel a su estilo de sustentar organicamente el efecto de las emociones en e...

Emociones destructivas - Goleman


Las emociones destructivas - Daniel Goleman


Daniel Goleman, fiel a su estilo de sustentar organicamente el efecto de las emociones en el desempeño del ser humano, considerando la universalidad de las mismas en las diversas culturas menciona ademas:

La neuroanatomía de la compasión

Aunque los descubrimientos del RMNF eran provisionales, el análisis de los datos electroencefalográficos del funcionamiento cerebral de Oser en estado de reposo y durante la meditación de la compasión mostraba una diferencia substancial. Lo más sorprendente de todo era un espectacular aumento en la actividad eléctrica gamma del gyrus frontal intermedio izquierdo, un área del cerebro que la investigación previa realizada por Davidson había determinado como uno de los asientos de las emociones positivas.
 En una investigación llevada a cabo con unas doscientas personas, el laboratorio de Davidson había descubierto que la presencia de un elevado grado de activación cerebral en esa región concreta del córtex prefrontal va acompañada simultáneamente de signos evidentes de sentimientos como la felicidad, el entusiasmo, la alegría, la energía y la alerta.


La investigación realizada por Davidson también puso de relieve que la presencia de un elevado nivel de actividad en la misma región correspondiente al otro lado del cerebro –es decir, en el área prefrontal derecha está directamente relacionada con la presencia de emociones perturbadoras. Así pues, quienes presentan un elevado nivel de actividad en la región prefrontal derecha y un bajo nivel de actividad en la izquierda son más propensos a experimentar sentiraientos como la tristeza, la ansiedad y la preocupación. De hecho, la mayor activación de la región prefrontal derecha constituye un buen predictor de la predisposición a sucumbir a una depresión clinica o a un trastorno de ansiedad en algún momento de la vida. Por otra parte, quienes se hallan sumidos en la depresión y quienes experimentan una intensa ansiedad también suelen presentar un mayor nivel de activación en la región prefrontal derecha del cerebro.

Son muchas las implicaciones que todos estos descubrimientos tienen para nuestro equilibrio emocional. Cada uno de nosotros posee una pauta distintiva en la ratio de activación de las regiones prefrontales derecha e izquierda que supone un excelente barómetro de nuestro estado de ánimo más característico. Esa proporción constituye una especie de línea basal emocional en torno a la cual gravita nuestro estado de ánimo.

Todos nosotros poseemos una cierta capacidad –más o menos limitada– para transformar nuestro estado de ánimo y modificar así esa ratio. Así pues, cuanto más hacia la izquierda se incline, más positiva será nuestra predisposición anímica, y, al contrario, las experiencias que elevan nuestro estado de ánimo también inclinan, al menos provisionalmente, la balanza en la misma dirección. En este sentido, por ejemplo, hay que decir que la mayoría parte de las personas evidencian pequeños cambios positivos en esta ratio cuando se les pide que evoquen acontecimientos agradables de su pasado, o cuando contemplan fragmentos de película divertidos o reconfortantes.

Este tipo de cambios en torno a la línea basal suele ser relativamente modesto, Pero cuando Oser meditó en la compasión, sin embargo, la ratio en cuestión experimentó una franca inclinación hacia la izquierda, un cambio que era muy improbable que se debiera a la mera casualidad.

Resumiendo, pues, los cambios que patentizaban la actividad cerebral de Oser durante la meditación de la compasión parecen reflejar un estado de ánimo sumamente placentero. Era como si el mismo acto de preocuparse por el bienestar de los demás hubiera aumentado su propio bienestar interno.

Este descubrimiento parece corroborar científicamente la frecuente afirmación del Dalai Lama de que quien cultiva la compasión hacia todos los seres es el primero en beneficiarse de ella. (Hay que decir que, según afirman los textos clásicos del budismo, entre los muchos beneficios derivados del cultivo de la compasión se cuentan los de ser amados por las personas y los demás seres vivos, serenar la mente, dormir y despertar sin problemas y experimentar sueños agradables.)

Como señaló Davidson, la investigación de la actividad cerebral que acompaña a la compasión realizada con Oser es muy probablemente pionera, porque la investigación psicológica moderna no suele centrarse en el estudio de ese tipo de estados positivos. Muy al contrario, lleva varias décadas centrando casi exclusivamente su atención en lo que funciona mal (como la depresión, la ansiedad y cuestiones por el estilo) más que en lo que funciona bien. De este modo, ha solido desdeñar el lado positivo de la experiencia y de la bondad humana, y ciertamente no existe, en los anales psicológicos, investigación alguna sobre la compasión.

Este sorprendente cambio en la actividad cerebral de Oser durante la meditación de la compasión sugirió otras líneas de investigación al respecto. ¿Se trataba acaso de una singularidad propia de Oser, o se debía –como suponía Davidson– al entrenamiento intensivo al que se había sometido? Si no era más que una singularidad excepcional, el descubrimiento no dejaba de ser interesante, pero, desde un punto de vista científico, hubiera sido más bien trivial. Si, por el contrario, se debía a la práctica, tiene implicaciones muy profundas para el desarrollo del potencial del ser humano. Por ello, Davidson solicitó de inmediato la ayuda del Dalai Lama para buscar otros sujetos adiestrados en el mismo método de meditación de la compasión y poder comprobar si los descubrimientos realizados con Oser eran realmente el fruto de la práctica. En la actualidad –mientras estamos escribiendo este libro, se están llevando a cabo pruebas similares con un puñado de meditadores avanzados.

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Emociones destructivas

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